Manifiesto de ligereza y verdad
Hoy reconozco que he estado cargando más de lo que me corresponde.
Cosas físicas, emocionales, familiares, materiales, internas.
Y también reconozco que ya no quiero seguir viviendo así.
No quiero seguir resolviendo todo solo.
No quiero seguir posponiéndome.
No quiero seguir cargando lo que no es mío.
Hoy decido soltar:
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Las cosas que no son mías. Las dejo donde están, sin culpa, sin obligación.
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Las historias, lugares o roles que me definieron, pero que hoy me limitan. Tengo derecho a buscar mi espacio propio, aunque aún no sepa dónde está.
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Los objetos que no he usado o que ya no me sirven. No me definen. No soy mis objetos.
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La idea de que entre más cosas tenga, más valgo. Hoy elijo lo simple.
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La carga de ser fuerte todo el tiempo. Me permito estar cansado. Me permito llorar. Me permito sentir.
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La expectativa de tenerlo todo resuelto ya. Estoy en proceso. Estoy creciendo.
Y elijo volver a mí:
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A mi deseo de libertad, ligereza y conexión real.
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A mi cuerpo, que necesita descanso, alimento, movimiento, cuidado.
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A mi alma, que busca sentido, no sólo productividad.
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A mi verdad: que puedo crear algo nuevo, desde lo pequeño, desde lo honesto.
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A mi voz: que se expresa, que pide ayuda, que también puede decir “esto no lo puedo cargar más”.
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A mi fe, aunque a veces se sienta lejana. A mi camino, aunque aún no vea el final.
Mi vida no se define por lo que cargo, sino por lo que elijo liberar.
Y hoy, elijo empezar a soltar.
Aunque sea poco. Aunque sea simbólico. Aunque me dé miedo.
Yo soy el espacio desde el cual nace una nueva realidad.
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