Hoy reconozco que he estado cargando más de lo que me corresponde.
Cosas físicas, emocionales, familiares, materiales, internas.
Y también reconozco que ya no quiero seguir viviendo así.

No quiero seguir resolviendo todo solo.
No quiero seguir posponiéndome.
No quiero seguir cargando lo que no es mío.


Hoy decido soltar:

  • Las cosas que no son mías. Las dejo donde están, sin culpa, sin obligación.

  • Las historias, lugares o roles que me definieron, pero que hoy me limitan. Tengo derecho a buscar mi espacio propio, aunque aún no sepa dónde está.

  • Los objetos que no he usado o que ya no me sirven. No me definen. No soy mis objetos.

  • La idea de que entre más cosas tenga, más valgo. Hoy elijo lo simple.

  • La carga de ser fuerte todo el tiempo. Me permito estar cansado. Me permito llorar. Me permito sentir.

  • La expectativa de tenerlo todo resuelto ya. Estoy en proceso. Estoy creciendo.


Y elijo volver a mí:

  • A mi deseo de libertad, ligereza y conexión real.

  • A mi cuerpo, que necesita descanso, alimento, movimiento, cuidado.

  • A mi alma, que busca sentido, no sólo productividad.

  • A mi verdad: que puedo crear algo nuevo, desde lo pequeño, desde lo honesto.

  • A mi voz: que se expresa, que pide ayuda, que también puede decir “esto no lo puedo cargar más”.

  • A mi fe, aunque a veces se sienta lejana. A mi camino, aunque aún no vea el final.


Mi vida no se define por lo que cargo, sino por lo que elijo liberar.
Y hoy, elijo empezar a soltar.
Aunque sea poco. Aunque sea simbólico. Aunque me dé miedo.

Yo soy el espacio desde el cual nace una nueva realidad.

El otro día, después del trabajo, salí para hacer varios mandados. Tenía que ir por la ropa a la lavandería, ya que mi lavadora se había descompuesto. Mi coche estaba en reparación, por lo que tenía que llevar una pieza al mecánico y pasar por víveres.De regreso, llevaba varias bolsas pesadas en las manos. Ya estaba oscureciendo. Había pedido la parada a un camión, pero siguió de largo. No pasaba ningún taxi, y pensé que podía caminar, ya que no estaba tan lejos de donde vivo. Pero, a la mitad del camino, empecé a quedarme sin fuerza.

Las bolsas del mandado y la ropa estaban pasando factura. Se sentían cada vez más pesadas. Los brazos me dolían.

Y ahí, en medio del cansancio, del silencio, del peso físico y emocional, surgió un pensamiento que me atravesó:

Yo estoy creando esta realidad.
Vaya realidad la que estoy creando…

Y de pronto lo entendí:
Así me siento en la vida. Me pesa.

Y me di cuenta de algo:
Tenía opciones antes de empezar a caminar, pero no las vi.
¿Qué opciones no estoy viendo en mi vida?

No quise pedir ayuda a mitad del camino, a pesar de que me pesaba, porque “ya casi llegaba”. Pensé en lo absurdo que era estar cargando tanto solo por “ahorrar tiempo”, por sentir que “avanzo”, por ahorrar unas monedas o porque “ya casi llegaba”.

Pongo mi bienestar como último recurso.
Todo lo he venido cargando sin darme cuenta.

¿Y si, en lugar de ser más rápido, más fuerte…
solo necesito estar más presente?

A veces estamos tan acostumbrados a resolver, a aguantar, a funcionar… que dejamos de ver que también podríamos pedir ayuda, soltar, cambiar de ruta, elegirnos a nosotros.


🌀 Si tú también te sientes así… te dejo esta pregunta:

  • ¿Estoy viendo mis opciones? ¿Qué opciones tengo?
  • ¿Qué estás cargando que ya podrías soltar?
  • ¿Qué podrías elegir distinto, aunque sea un poco?
  • ¿Cuál situación es tu “ya casi”?